Conversar

Conversar. Me gustaría que este fuera el verbo con el cual identificaran mi paso por la apasionante tarea rectoral que se me ha encomendado.

Conversar no es simplemente intercambiar palabras, sino descifrar sentidos y propósitos, en un proceso que entrelaza el lenguaje, la intención y la emoción. Todo ello sucede en el transcurso de la convivencia humana, como lo diría Humberto Maturana, uno de los biólogos más visionarios de este siglo.

Maturana nos revela a los seres humanos, como aquellos que vivimos en redes de conversaciones y esas conversaciones no solo transmiten información. Mucho más allá de emitir y recibir información desnuda, las conversaciones humanas crean realidades, construyen relaciones, formas de convivir y maneras de actuar juntos. Por eso, una conversación no depende solo de “lo que se dice”, porque su significado más importante depende desde qué emoción se dice y para qué propósito se expresa: no es lo mismo hablar desde la confianza, que desde el miedo; desde el respeto que desde la agresión; desde la apertura que desde el fanatismo.

No hay vida humana fuera del conversar. Esto no es una frase para adornar un discurso; por el contrario, podría ser una de las claves de la supervivencia de la humanidad, porque en la conversación se configura la cultura, se crea la convivencia, se gestiona el conflicto y también se descubre la posibilidad de transformación.

Así que, la mejor manera de existir de la conversación en la academia es la argumentación; conversar, como arma para persuadir o para demostrar con razonamientos, escucha atenta, y capacidad de cambiar las ideas con responsabilidad, ética y claridad, como lo enseñó el autor del Tratado de la Argumentación, Chaïm Perelman: “Convencer es provocar la adhesión de espíritus libres.”

Por ello, propongo dirigirme periódicamente a la comunidad universitaria. En esta ocasión, desde la intención de abordar la significancia de pensar y argumentar. Podría decirse que pensar no parece ser lo más fácil en esta época, en la que somos pensados por las redes y representados solo por el valor y los roles imaginarios que nos asignan los monopolios de la conducta. Pese a ello, y tomando en cuenta la acción comunicativa del filósofo Jürgen Habermas, la cual considero una gran iluminación para esta propuesta, ya que su enfoque es un modelo de interacción social, en el cual los actores buscan el entendimiento mutuo y el consenso racional, utilizando el lenguaje sin coacción. De este modo, nos enseña que la democracia depende de la calidad del diálogo público.

Por tanto, mi propuesta es sencilla: argumentar con claridad y escucharnos con profundidad. Seguramente, es más fácil enunciarlo que lograrlo; pero soy consciente de que esta invitación es parte de un proceso formativo, en el cual quienes integramos esta comunidad educativa, nos declaremos en formación, mediante la argumentación.

Finalmente, exhorto a quienes están orientando la construcción de nuestro Plan de Desarrollo Institucional que, al debatirlo, tengan en cuenta la promoción de pensamiento crítico en las funciones misionales y sustantivas como un ideal formativo universitario, disponiendo las estrategias y mecanismos que lo hagan posible.

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HAVER GONZÁLEZ BARRERO
Rector