Creciendo sin parar
Lo que ha pasado desde los salones prestados hasta la sede
propia. Desde la formación técnica hasta la
profesional. De los primeros 130 matriculados a los doce mil
que tiene hoy.
Con 250.000 pesos para todo el año y en salones prestados
por las universidades Nacional y de Antioquia y en un caserón
ubicado en pleno centro de Medellín empezó sus
labores académicas el Instituto Politécnico
Colombiano el 31 de marzo de 1964.
La noticia se registró en un momento en el que Antioquia
pedía acciones frente a las carencias en educación
técnica y se preguntaba por las debilidades en la formación
profesional. Así lo entendieron los diputados que en
1963 habían aprobado la Ordenanza número 41
que creaba el nuevo Instituto.
“El objeto que se persigue es el de preparar, a nivel
profesional, el personal técnico y administrativo que
Colombia requiere para su desarrollo integral, como auxiliares
de las profesiones mayores en unos casos o como directores
de la actividad en las pequeñas empresas”, indicaba
la exposición de motivos que acompañaba el proyecto
de ordenanza.
Así, iniciaron sus clases 127 estudiantes en los programas
técnicos de Agrimensura y Construcción, Medicina
Física y Rehabilitación, Instrumentación
de Cirugía y Radiología.
Los matriculados tuvieron que presentar una prueba de admisión,
una entrevista y un examen de cultura general. Debieron certificar
su buen estado de salud y demostrar el respaldo de un acudiente.
Sin embargo, no se les exigió tener título de
bachiller. Fue suficiente haber tenido un periodo de práctica
de dos años en el oficio correspondiente a la carrera
técnica a la que se aspiraba y haber aprobado cuatro
años de la educación secundaria.
Casa propia
El terreno para construir su propia sede le fue entregado
al Instituto Politécnico seis meses después
de iniciadas las actividades académicas. Se trata del
lote de 60 mil metros cuadrados que ocupa actualmente y que
fue intervenido desde entonces para adecuar los espacios a
la actividad del Poli.
Más a gusto con su sede propia y luego de la muerte
del representante Jaime Isaza Cadavid, en octubre de 1965,
el Instituto empezó a llevar su nombre de acuerdo con
lo dispuesto por la Ordenanza 11 del 30 noviembre de ese año.
El nuevo Instituto Politécnico Colombiano Jaime Isaza
Cadavid rendía así un merecido homenaje al abogado
y político antioqueño quien trabajó durante
toda su vida por la promoción de la educación
desde sus cargos como concejal, diputado, representante y
profesor universitario.
Buen nombre
Fueron buenos días para la imagen y la proyección
de la Institución pues, al ofrecer carreras técnicas
novedosas, las posibilidades eran amplias para aquellos que
se formaban en el Poli. Era tal la demanda, que las entidades
gubernamentales del Departamento y la empresa privada solicitaban
técnicos, incluso, antes de graduarse.
Pero la primera promoción no tardó mucho. En
1966 el Instituto Politécnico graduó 117 técnicos
que fueron absorbidos rápidamente por el mercado.
La imagen del Politécnico se consolidaba y, para darle
más fuerza, a finales de 1971 desapareció del
nombre, por arte de una nueva ordenanza, la denominación
de Instituto. A partir de entonces recibió el nombre
que hoy conocemos.
Pero allí no pararon los cambios. En 1972 la Institución
registra una de las noticias más significativas de
su historia. El Politécnico Colombiano Jaime Isaza
Cadavid fue autorizado para expedir el título de tecnólogo.
Así, con base en el programa técnico en Agrimensura
y Construcción, el Poli empezó a ofrecer la
Tecnología en Construcciones Civiles.
La metamorfosis aún no terminaba. El Politécnico
crecería más en 1975, en lo cuantitativo como
consecuencia de su calidad, a partir de la ampliación
del cupo de estudiantes admitidos de 696 a 1.150. Como consecuencia
aumentó también la planta de cargos docentes
y se desechó la política de admitir un reducido
número de aspirantes para el primer semestre de cada
programa.
En 1980 se registró un nuevo progreso para el Politécnico
y todas las instituciones de educación tecnológica.
El Decreto Ley 80 reconocía la modalidad tecnológica
en la categoría de educación superior. Esta
consideración situó al Politécnico Colombiano
Jaime Isaza Cadavid al nivel de las instituciones de educación
universitaria y facultaba al tecnólogo para continuar
sus estudios en una segunda etapa de profesionalización
o especialización tecnológica. Así se
hizo propicio el terreno para que en 1992 el Poli pasara de
ser una institución tecnológica a una universitaria.
Creciendo más
La década de los setentas fue importante para poner
en marcha la política de descentralización académica.
Fue entre 1973 y 1980 que se abrieron los centros regionales
de Oriente en el municipio de Rionegro y Suroeste en Jericó,
las Granjas Experimentales en el municipio de Marinilla y
San Jerónimo. Ya en los ochentas entraron en funcionamiento
los centros regionales de Urabá, en Apartadó,
con las Tecnologías en Costos y Auditoria y Agroindustrial;
y el del Nordeste en los municipios de Segovia y Amalfi.
Consolidado el perfil institucional del Poli y su política
de regionalización, durante los años noventas
tomó un importante impulso el desarrollo investigativo
de la Institución. En los noventas avanzaban ya las
investigaciones sobre la reproducción y comercialización
de la tilapia roja, la domesticación de la sabaleta,
la producción de frutas In Vitro y los estudios de
robótica.
En 1996 el Ministerio de Educación le entregó
al Departamento de Antioquia y éste a su vez al Politécnico
Colombiano las instalaciones para el Centro de Prácticas
de Bello. Allí empezaron a funcionar 7 bloques de laboratorios,
una cafetería y un auditorio.
La dinámica de los últimos años ha estado
más marcada por la consolidación de una planta
docente capacitada y actualizada y la extensión de
programas y proyectos del Politécnico que puedan tener
un impacto importante en la sociedad. De igual forma se ha
hecho énfasis en la conformación de semilleros
de investigación y la vinculación en ellos por
parte de los profesores ocasionales, de cátedra y de
planta.
En el camino hacia la calidad, el Politécnico empezó
su proceso de autoevaluación, con miras a la acreditación,
en 1998. Y en esa ruta transita hoy, año 2006, cuando
celebra su aniversario número cuarenta. La búsqueda
por la cobertura con calidad, la regionalización de
sus programas y la formación de mejores profesionales
y personas, continúa.
Hoy las condiciones son distintas. No ya en salones prestados
ni casas alquiladas sino en la sede propia en Medellín
y en otros municipios de Antioquia, con una oferta de 37 programas
académicos de pregrado, cinco especializaciones y quince
mil estudiantes matriculados.
Jaime
Isaza Cadavid / En nombre del Poli
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